ACTOR POR UN DÍA
Esta historia sucedió a principios de la década del ‘60 del siglo XX, en un pequeño pueblo costero del Uruguay. Como la mayoría de los pueblos del interior, tenía su plaza, la iglesia, la comisaría, la oficina del municipio y el club social, que a falta de otras salas, según lo requiriera la ocasión cumplía el cometido de cine y teatro.
La vida de pueblo a vista de los citadinos puede resultar monótona, pero para muchos de sus habitantes no es así, es más, para algunos es el lugar mas lindo del mundo y su gente la mejor.
En este contexto, es que se ven las casas de puertas abiertas, bicicletas y motos estacionados sin candados; los vecinos se saludan con afecto, la mayoría de las veces invocando el nombre o el apodo de su coterráneo y haciendo una pronunciada reverencia con sus cabezas; las comadres se juntan para chusmear todos los “acontecimientos” del lugar ( de vez en cuando quedando algún cuero bien estiradito) y la barra de amigos se acodan en el mostrador del boliche (que es uno de los centros de diversión), disfrutando de timbas varias o proseando ,que es algo similar a lo que hacen las comadres, pero al tratarse de hombres (muy machos por cierto), sería una ofensa ponerle el adjetivo de chusmear.
Una tardecita mientras se jugaban conjuntamente una partida de truco y una de casín en el otro rincón del boliche, el “Maneco”, acodado al mostrador , anuncia : “¡Vieron!, la semana que viene llega la Comedia Nacional, con la obra Martín Aquino”.
Varios parroquianos largaron la risotada, sabedores de que el “Maneco” no se perdía capítulo de las radionovelas y era un gran admirador del actor principal, … bueno, de su voz, ya que no lo conocía. Alguno le contestó: “¡Así que estás de parabienes, vas a ir a suspirar por el Julio César! ¡juá, juá!!”.
El “Maneco”, visiblemente ofuscado y con aire de instruido les contestó: “ ¡No sean abombados!, no ven que es una obra de teatro que en Montevideo siempre está a sala llena; además me contó el “Toto”( en todos los pueblos hay por lo menos un “Toto”), que van a tomar gente, por que en el ómnibus no entraba todo el elenco”, al decir esto último pone cara de misterio.
Mientras el “Gallego”(propietario del Almacén y Bar “Arousa”, que se ofendía si se lo rebajaban a la categoría de boliche) sacudía la cabeza,( ya acostumbrado a las discusiones por razones existenciales como quien vino primero, si el huevo o la gallina, o de que color era el caballo de Artigas), refunfuñaba como resignado a escuchar otra discusión, que vaya a saber cuando terminaría; uno de los jugadores de truco le grita al “Maneco” : “¡Entonces, vamos a buscar laburo!”, yo tengo pinta de galán!. La carcajada se escuchaba desde la otra esquina, porque el autor de la frase no era otro que el “Lechón”, cuyos rasgos físicos eran muy similares a su apodo, con nariz respingada incluida.
Hasta el “Maneco” olvidó su enojo y se rió, pero no se daba por vencido y volvió a insistir en las cualidades del teatro, que no podían ser tan ignorantes al burlarse de la obra , que sería un pecado desaprovechar una oportunidad pocas veces vistas en esos pagos y que por lo tanto nadie podía faltar al gran acontecimiento.
Por un largo rato siguieron tomándole el pelo, hasta que el flaco “Tero” no encontró mejor idea que desafiar en apuesta a los demás parroquianos , a ver quién se animaba a presentarse para la solicitud de “extras”( en aquellos tiempos no se conocía el término “casting”, salvo cuando se leían los créditos de las películas de las matinées; pero no se asociaba para nada al empleo del término que se utiliza tanto en la actualidad).
Varios aceptaron la apuesta(por una damajuana de vino casero), entre ellos el “Lechón”, ya asegurando que no solo iba a integrar el elenco, sino que también, lo iban a llevar a Montevideo para ocupar el puesto del famoso galán.
Así fue que los muchachos del boliche “Arousa”, se comprometieron a probarse a ver quien quedaba de actor de teatro …,¡al menos por un día!.
Cuando llegó la Comedia, el pueblo estaba alborotado, ya que no era común tener la visita de un elenco tan reconocido, sobretodo del actor principal y galán que arrancaba suspiros femeninos.
La gurisada corría detrás del ómnibus, que era recibido con música por los altoparlantes de la avenida principal (por donde desfilaba el corso) y las damas esperaban pacientemente a la sombra de los árboles de la plaza, algunas esperanzadas de recibir una sonrisa o un saludo de los actores, pero íntimamente varias fantaseaban con el galán de las radionovelas.
La barra del boliche se arrimó al club donde había una fila de varios muchachos aspirantes a la profesión de las tablas, algunos con vocación verdadera , los más por curiosidad o por ganar popularidad en el pueblo. Después de un par de horas de audiencia, se conoció a los elegidos como extras y ¡vaya sorpresa!, entre los elegidos estaba el “Lechón” , que antes de concurrir a la audiencia se había entonado en el boliche,( para perder el miedo escénico).
El bueno de “Maneco” se tendría que contentar con ver la obra, ya que si bien era el más culto y aficionado al teatro(mejor dicho a las radionovelas), padecía de una gran timidez y no se animó siquiera a presentarse a la audiencia; pero hubo dos actores mas : el gordo Gómez y el “Calavera” Gutiérrez . Todos ellos harían el papel de milicos de campaña, y dada la chispa del “Lechón”, obtuvo el papel de cabo, con un breve parlamento informando al Comisario dónde estaba Aquino antes de ir a capturarlo. Afuera del club social (transformado en teatro) un gran cartel anunciaba la obra: MARTÍN AQUINO, EL ÚLTIMO MATRERO, al costado uno mas pequeño que decía : localidades agotadas, esto era producto de la expectativa del pueblo por disfrutar algo que no era muy común en esos lares.
La noche del debut, el club social estaba engalanado con sus mejores luces y adornos, con un lleno pocas veces visto y una platea donde destacaban las personalidades del pueblo, las damas con sus mejores atuendos y joyas y varios caballeros que a regañadientes asistían para quedar bien , pero que preferirían haber quedado en el boliche jugando a los naipes o quizás detrás de las vías donde estaban los farolitos rojos.
En el fondo, las populares, donde estaba la barra del “Arousa”, hasta el “Gallego” y su esposa habían concurrido, porque no valía la pena dejar abierto si la clientela estaba en el teatro; además hasta un rato antes habían estado consumiendo, inclusive los “actores”. Al gordo Gómez tuvieron que despertarlo un rato antes, porque como era costumbre se quedaba dormido en la mesa junto a la ventana, los otros actores también estaban adobados, y a esa altura ya no había miedo escénico ni vergüenzas.
Comenzó el espectáculo y la gente aplaudió como para quitarse los nervios , cuando apareció el galán también, y se escuchó algún suspiro indisimulado, mientras varios hombres lo miraban de reojo, un tanto celosos por la reacción de la platea femenina.
Todo transcurría con normalidad, hasta que irrumpieron en el escenario los extras disfrazados de milicos , desde el fondo se armó un barullo y alguno se animó a gritar dando ánimo a sus amigos; cosas típicas de un partido de fútbol, o una doma , pero no del teatro, y la platea miraba por encima del hombro con disgusto, reprobando un comportamiento tan descarado.
Lejos de amilanarse, los extras parecían que hubieran sacado la lotería ,o que hubieran llegado primeros en la Vuelta Ciclista del Uruguay, lo único que les faltaba era levantar los brazos y saludar victoriosos.
En ese clima, llegó el momento cúlmine de la obra, cuando Martín Aquino está refugiado en un rancho y la policía lo rodea para capturarlo. El actor que hace el papel de comisario( papel que al inicio era deseado por el “Lechón”) , grita: “¡ Aquino, entregate, estás rodea’o!”; a lo que el actor galán contesta detrás de la escenografía: “¡No me entrego nada!, ¡yo soy Martín Aquino, canejo!.
El “Lechón” se había consustanciado tanto con la obra, que puso cara de enojado y vaya a saber si fue producto de las copas previas en el boliche o del ánimo de la barra( que aplaudía cada vez que aparecían sus amigos), lo que provocó una reacción en el supuesto “Cabo”, quien se lanzó detrás de la escenografía, con el talero en su mano y manoteó al galán de las crines, llevándolo al frente y pegándole con el talero en la espalda, mientras le gritaba: “¡¿Así que no te entregás?!, ¡vas a conocer al Lechón,´jué perra!”.
El alboroto fue descomunal, los extras y varios admiradores durmieron en la comisaría( la verdadera); desde ese día el pueblo extrañó a la Comedia Nacional con su principal actor, que de porfiado nomás, nunca quiso volver a tan pintoresco lugar.
Sergio Colo
jueves, 28 de febrero de 2008
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