domingo, 9 de diciembre de 2007

Tornillo

EL TORNILLO


Era un pescador de Rocha, como tantos, pero muy diferente; no tanto en su aspecto físico(sin
olvidar sus enormes ojos claros y saltones que le asemejaban al actor de películas cómicas Marty Feldman), sino en su forma de ser, que seguramente fue lo que dio origen a su apodo.
Para todos era el “Tornillo” y para los más cercanos ,como queriendo reafirmar más su característica, era “el loco Tornillo”; pero en realidad no era tan loco, al fin y al cabo quien puede asegurar que si los que nos creemos cuerdos no cometemos locuras, en ocasiones mas grandes que las que se les acredita a los locos. Basta echar un vistazo a diarios y algún noticiero para poder apreciar las muy coherentes y cuerdas medidas que toman los supuestamente humanos inteligentes, como masacrar y condenar al hambre a millones de otros seres humanos, invocando a la libertad y la paz.
En fin, el loco de esta historia, era un loco bueno, hasta demasiado bueno; solidario como pocos y como buen loco, era un simpático creador de las populares “salidas”, que hacían reír hasta al más serio.
Como si fuera un caballero andante, tenía a su fiel escudero: “el Bronce”, un perro sin pedigrí, que era raza perro; pero que al convivir con el “Tornillo”, lo único que le faltaba era hablar. Y por “el Bronce” , el “Tornillo” se engrillaba(1) con cualquiera, como le sucedía cuando viajaba en ómnibus desde el puerto de La Paloma a la capital de Rocha y ganaba la discusión al guarda del coche, con el argumento de que para él , “el Bronce” no era un perro, sino un compañero y que si pagaba el boleto tenía derecho a ocupar un asiento. Quizás fuera porque todos los conocían o por evitar escándalos, era que los fieles compañeros salían airosos de las escaramuzas y viajaban con dignidad y comodidad (por cierto), en los ómnibus de la ONDA, que paradójicamente junto a la sigla tenían pintado a un perro “Greyhound”.
Obviamente que la simpática pareja , recorría varios boliches de la zona, donde el “Tornillo” alegraba a los parroquianos con sus disparatadas y por cierto anheladas ocurrencias y anécdotas.
No tenía mucho que envidiarle al personaje del gran JUCECA, “Don Verídico”; y por más que sospecharan que en algún momento del relato estaba exagerando, el “Tornillo” tenía la asombrosa capacidad y la magia de hacernos creer hasta lo imposible.
Es por eso que ésta anécdota que relataremos, estamos convencidos que realmente ocurrió, y si algo suena a cuento:¡ la culpa, es del “Tornillo”!, que desde algún lugar de los mares del cielo nos estará asintiendo con su desfachatada sonrisa.
Ocurrió hace mucho tiempo y fue en el pintoresco puerto de La Paloma; precisamente en la Prefectura del puerto. Allí rendían exámenes los aspirantes a sellar la patente de Patrones de Pesca Artesanal, requisito fundamental para poder despachar las embarcaciones artesanales , conocidas como chalanas o barcas y que forman parte del paisaje de la franja costera de Rocha.
El “loco” sabía su oficio de marino, y no precisaba “papeles” para salir a la mar y realizar la faena de pesca sin mayores contratiempos que los que pudiera ocasionar las condiciones climáticas o algún Lobo marino que le rompiera el arte de pesca para robarle los pescados. Pero en lo que refiere a conocimiento de la costa, mareas y el comportamiento de las embarcaciones, difícilmente alguien le pudiera enseñar algo; y por su propio carácter era que se atrevía a enfrentar a una mesa examinadora conformada por milicos de prefectura, que en varias oportunidades habían bochado a marinos duchos en su oficio, pero que por esas casualidades del destino, siendo botijas tuvieron que cambiar cuadernos y libros de escuela por palangres y trasmallos, porque la mayoría de los “nenes patudos” viven como sus padres: sin libros y medio desnudos.
A pesar de los nervios de los aspirantes, el “Tornillo” andaba como siempre anduvo, jorobando con uno y con otro, como si estuviera en el muelle o peor aún como si estuviera en “los Pinos” (club de bochas y cantina cercano al puerto). Un milico que tenía varios “ravioles”(2) en su uniforme lo miraba de reojo y frunciendo el ceño, como cuando en la escuela hay algún gurí que alborota al resto y la maestra trata de amoldarlo para que la clase no termine en una farra total.
El milico en cuestión se le arrima y sin darse cuenta lo llama por su apodo, eso si, lo trata de usted: “Dígame Tornillo ,¿ usted está para dar el examen de patente de quince millas?”
T- “Si, señor”
M- “¿ y estudió?”
T- “ Seguro, ¿que se piensa?, sino no vengo ( ya medio retobado)
M- “ Muy bien, vamos a ver como le va en la prueba entonces, por que lo veo muy seguro y ya sabe lo que le pasó a Don seguro”, (diciéndolo con un tono amenazador).
T- “ Acaso duda de mi palabra, si quiere pregunte cualquier cosa, y va ver como lo dejo pasmado”( ya agrandándose, por las dudas).
M- “Bueno …, todavía hay tiempo, como para ir calentando, dígame, si está afuera con la barca ,se queda sin máquina y se levanta la virazón(3), ¿qué hace?”.
T- “Tiro el rezón(4) y fondeo. Aviso por radio a CHARLIE(5) y trato de arreglar el motor” ( mirando fijo al milico con los ojos bien saltones).
M- “Correcto, y … dígame, ¿que pasa si se levanta mas viento y empieza a garrear(6) el fondeo?” ;( a esa altura ya bastante sobrador).
T- “Le pongo cadena al fondeo” , mirándolo más fijo.
M- “ ¿Y si hay temporal y sigue garreando qué hace?, ( sin poder aguantar una sonrisa en los labios )
T- “ ¡Y le pongo más cadena!”, ( levantando un hombro, como diciendo “¡tá clavado!”).
M- “ Dígame Tornillo, ¡¿de dónde saca tanta cadena?!”; ( ya sin poder quedar serio, por mas que se esfuerce).
El Tornillo con aire triunfador le espeta: “¡ y usted, ¿de dónde saca tanto viento?!!!”, provocando la carcajada a civiles y militares incluyendo a quien lo cuestionaba al principio en forma antipática. Está de mas decir, que el loco salvó el examen, y por mucho tiempo la anécdota ha recorrido boliches , barcos y todo lugar donde el “Tornillo” haya dejado su huella.
Este sacrificado hombre de mar, siempre estaba con una sonrisa en los labios; y por más que su cara curtida por el sol y el salitre, con sus ojos saltones, su barba entrecana y manchada por el tabaco, a primera vista dieran un aspecto de cuidado, bastaba escucharlo unos minutos para darse cuenta que era más bueno que “Bambi”. Por más brava que viniera la mano, con la peor de las machinas(7), si estaba el “Tornillo” al lado, nos tranquilizaba, no solo por su carácter afable, también por que era un verdadero marino pescador , que al verlo trabajar había que sacarse el sombrero y saludar.
En los últimos años de su vida, luchó contra un cáncer (casi escribimos cruel enfermedad, como si al no nombrarla pudiéramos hacerla desaparecer), pero lejos de achicarse Luis Pereira (ese era su verdadero nombre) la enfrentó y conociéndolo estamos seguros que en más de una ocasión se debe haber engrillado con la enfermedad, con los médicos, con las enfermeras y con el destino; pero también les debe haber arrancado alguna sonrisa a todos, porque “el Loco Tornillo” era así y no se quedaba tranquilo hasta que su platea no le tributara una carcajada.
Sergio Colo

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